Qué croqueta de bacalao quieres hacer: cremosa o de patata
Antes de cocinar, conviene aclarar una diferencia importante: no todas las recetas llamadas croquetas de bacalao describen el mismo bocado.
La versión cremosa se prepara con una bechamel de leche, harina y mantequilla o aceite, a la que se incorpora bacalao desmigado. El resultado tiene un interior suave y jugoso, que contrasta con un rebozado crujiente. Es la elección adecuada si buscas la textura líquida y cremosa asociada a la croqueta clásica.
La otra elaboración mezcla bacalao desalado con patata cocida, huevo, ajo, perejil y pimentón dulce, y no lleva bechamel. La masa queda más compacta y rústica, con mayor presencia de la patata. En la tradición valenciana también recibe el nombre de mandonguilles de bacallà, y suele servirse con all i oli o mayonesa.
El bacalao en salazón necesita desalado previo. También puedes usar bacalao ya desalado o bacalao fresco: este último evita ese paso, aunque ofrece un sabor menos concentrado. Elige bechamel si priorizas cremosidad y patata si buscas una receta tradicional, sencilla y más firme.
El bacalao y el desalado marcan el sabor final
El bacalao salado se desala cubierto de agua fría y dentro del frigorífico durante unas 18 a 48 horas. El tiempo depende del grosor de la pieza y de la cantidad de sal: las migas finas estarán listas antes que un lomo grueso. Cambia el agua varias veces durante el proceso.
Después, escúrrelo muy bien, retira la piel y repasa el pescado con los dedos para localizar y quitar las espinas. Desmígalo a mano o córtalo en trozos pequeños. Si compras bacalao ya desalado, pruébalo antes de añadir sal a la masa; muchas veces no necesitará más. El bacalao fresco se puede cocer y desmigar antes de incorporarlo, sin pasar por el desalado.
Para una tanda doméstica de aproximadamente 20 croquetas de bechamel, 200-300 g de bacalao desalado aportan un sabor claro sin desequilibrar la masa. La leche entera da más cuerpo y sabor que la desnatada. Como acompañamiento funcionan bien el ajo, la cebolla o cebolleta, el perejil y una pizca de nuez moscada. En la versión de patata, el pimentón dulce es especialmente característico.
El control de la humedad también importa: un bacalao mal escurrido puede dejar la masa aguada, mientras que un exceso de sal puede ocultar su sabor.
Receta base de croquetas de bacalao cremosas
Para unas 20 unidades necesitas 200 g de bacalao desalado y desmigado, media cebolla o una cebolleta, un diente de ajo, 50 g de mantequilla, 50 g de harina de trigo y 550 ml de leche entera. Añade perejil y pimienta; incorpora poca sal o ninguna hasta probar la mezcla. Para rebozar, prepara dos huevos y unos 200 g de pan rallado. La harina previa es opcional.
- Pica la cebolla y el ajo y póchalos en la mantequilla a fuego medio. Deben quedar tiernos y transparentes, sin tostarse ni quemarse.
- Añade el bacalao y rehógalo brevemente. También puedes incorporarlo al final de la cocción de la bechamel, siempre que quede bien repartido y no aporte exceso de líquido.
- Agrega la harina y cocínala unos dos minutos, removiendo. Así pierde el sabor a crudo.
- Vierte la leche poco a poco mientras remueves con varillas para evitar grumos. Mantén el fuego medio-bajo y cocina la masa durante unos 15-20 minutos.
- Sabrás que está lista cuando espese, tenga un aspecto liso y empiece a despegarse de las paredes de la sartén. Prueba entonces y ajusta la sal con prudencia.
- Extiende la masa en una fuente amplia, cúbrela con film en contacto y refrigérala durante al menos 4 horas. Un enfriado de 12 horas deja la masa más firme y facilita formar las croquetas.
- Con la masa fría, toma porciones y dales forma. Pásalas, si quieres, por harina, después por huevo batido y finalmente por pan rallado.
- Fríelas en abundante aceite caliente y en tandas pequeñas. Deben quedar doradas por fuera y calientes en el centro; escúrrelas sobre papel absorbente antes de servir.
Si la masa todavía se pega o se desparrama al formar las piezas, no intentes compensarlo con más pan rallado: necesita más frío o una cocción algo más larga.
Cómo hacer la versión tradicional de bacalao y patata
Esta elaboración no es una bechamel con patata, sino una masa distinta. Para unas 18 unidades utiliza 400 g de patata, 200 g de bacalao desalado, un huevo grande, un diente de ajo, perejil, una cucharadita de pimentón dulce y aceite de oliva para freír.
Cuece las patatas enteras y con piel hasta que estén tiernas. Pélalas aún templadas y pásalas por el pasapurés o machácalas. Si el bacalao está desalado, puedes cocerlo junto a las patatas durante los últimos 10 minutos. Después, retira piel y espinas y desmígalo.
Incorpora a la patata el bacalao, la yema del huevo, el ajo y el perejil machacados y el pimentón dulce. La clara, batida, se reserva para cubrir las piezas antes de freírlas. La mezcla debe quedar cremosa pero consistente. Variedades como Monalisa o Agria ayudan a mantener la forma. En algunas versiones valencianas se añaden piñones, aunque no son necesarios para reconocer la receta.
Forma quenelles con dos cucharas o moldea las piezas con las manos ligeramente humedecidas. Pásalas por la clara batida y fríelas en aceite caliente. Esta masa no exige el reposo prolongado de la bechamel, pero enfriarla facilita el formado y reduce el riesgo de que se deshaga. El resultado es más firme y menos cremoso, y combina especialmente bien con all i oli.
Reposo, rebozado y fritura: cómo evitar que se abran
La mayoría de las roturas empiezan antes de encender el aceite. Una masa de bechamel insuficientemente cocida conserva demasiada humedad y tiende a romperse al freír. Debe espesarse hasta despegarse de las paredes antes de enfriarse.
Extiende la masa en una fuente amplia para que se enfríe de manera uniforme y cúbrela con film en contacto para evitar que se forme una costra superficial. Cuando la masa esté fría, forma las croquetas. El rebozado de harina, huevo y pan rallado crea una cobertura más estanca que pasar directamente por huevo y pan rallado, aunque ambas fórmulas se utilizan. En cualquier caso, el pan rallado debe cubrir toda la superficie, incluidos los extremos y las posibles juntas.
Calienta abundante aceite aproximadamente a 175-180 °C y fríe pocas unidades cada vez. Si está frío, las croquetas absorben más grasa y tardan en sellarse; si está excesivamente caliente, se doran antes de calentarse por dentro. Durante los primeros segundos no las muevas continuamente: deja que el exterior se selle y gíralas con cuidado.
Una doble capa de rebozado puede ayudar si la masa es algo blanda, pero no sustituye una cocción suficiente ni un enfriado completo. Cuando estén doradas, pásalas a papel absorbente y déjalas reposar brevemente antes de comerlas.
Cómo congelarlas y cocinarlas sin perder la forma
Las croquetas se congelan mejor ya formadas y rebozadas, antes de freírlas. Colócalas separadas en una bandeja, sin que se toquen, y congélalas así hasta que estén duras. Después, pásalas a una bolsa o recipiente hermético. Escribe la fecha y protege bien el envase del aire para evitar que se resequen o absorban olores del congelador.
No hace falta descongelarlas antes de freírlas. Pásalas directamente del congelador a una sartén o freidora con abundante aceite caliente. Necesitarán algo más de tiempo que una croqueta refrigerada, así que trabaja en tandas pequeñas para que el aceite mantenga la temperatura y el centro llegue a calentarse sin quemar el exterior.
La descongelación humedece el rebozado y aumenta el riesgo de que se abran. Por la misma razón, las croquetas descongeladas no deben volver a congelarse. También puedes congelar la masa cocinada y enfriada, pero resulta más manejable formar y rebozar las unidades antes de congelarlas.
Las croquetas fritas pueden guardarse en el frigorífico para consumirlas próximamente, aunque perderán parte del crujiente. Mientras preparas la tanda, mantén refrigerados el bacalao y la bechamel y no dejes la masa muchas horas a temperatura ambiente.
Qué mirar al comprar croquetas de bacalao
Empieza por la lista de ingredientes. Debe identificar claramente el bacalao y permitirte saber si la base es bechamel, patata o una combinación de ambas. Cuando el bacalao aparece entre los primeros ingredientes, suele tener una presencia más apreciable que en un producto dominado por harina, leche o patata.
Observa también cómo está repartido: el pescado debería aparecer desmigado de forma visible o distribuido uniformemente, no concentrado en una sola zona. Una buena croqueta mantiene una forma regular, un rebozado íntegro y una proporción razonable entre cobertura e interior.
La textura depende del tipo de masa. En una croqueta de bechamel, el interior debe ser jugoso y cremoso, pero no líquido. En una de patata, debe resultar compacto y húmedo, no seco. Un exceso de sal puede ocultar el sabor del bacalao, sobre todo cuando se ha utilizado pescado en salazón. El olor debe ser limpio y marino, sin notas rancias, y el aceite no debería dominar el conjunto.
En productos congelados, revisa las instrucciones de cocinado, el peso por unidad y si se venden crudos, prefritos o ya fritos. Conserva siempre las croquetas compradas siguiendo la cadena de frío y las indicaciones del envase. Que se anuncien como caseras o artesanales no basta: importan la composición, el aspecto, la textura y el sabor.